POR TINIEBLO
Desde 1997 el caudillo del liberalismo, Álvaro uribe Vélez salió al panorama nacional, tras la creación de las Auto Defensas Unidas de Colombia, una organización que en su momento, se presentaba como una solución ante la inoperancia del ejército nacional para combatir a las guerrillas del ELN y las FARC.

Todo el país fue cómplice de estos grupos de extrema derecha que en busca de un equilibrio en la balanza, daban de baja a decenas de guerrillero en los montes de Colombia. Por aquel entonces, todos éramos en parte paracos, así fuera solo de pensamiento.

Uribe se fue ganando el aprecio de la sociedad, en esa época no se mostraban fotos de Uribe con Pablo Escobar, ni tampoco se hablaba del apoyo del Gobernador Uribe a las mafias del narcotráfico con la autorización de cientos de pistas clandestinas al servicio de Escobar. Nadie hablaba de eso porque lo que nos indignaba en verdad, eran las pescas milagrosas y los continuos secuestros y atentados de la guerrilla contra la nación. Colombia estaba muy ocupada mirando a la guerrilla, mientras por un costado las mafias hacían un festín de negocios y avanzaban a pasos gigantescos.

Andrés Pastrana, con su conducta pacifista, fue trampolín estratégico para la campaña de Uribe a la presidencia del 2002. La gente estaba mamada de un país doblegado ante Tiro Fijo y pedía a gritos que el ejército saliera a hacer justicia y recuperara la soberanía.

Con ese discurso de Mano Dura Corazón Abierto, Uribe logra llegar a la presidencia y da inicio al primer ataque frontal a las guerrillas. Recuerdo a la gente feliz en las calles, aclamando al Salvador de Colombia.

Desde entonces la popularidad de Uribe creció a pasos gigantescos, todos sus seguidores poco a poco fueron adoptando, más que una afinidad a su pensamiento, un emblema casi religioso, lleno de fanatismo y apoyo incondicional a todas las decisiones que tomaba el mandatario. Fue la época de absoluta confianza del uribismo, en donde la tarea era convencer al pueblo colombiano de modificar la constitución para permitir una reelección presidencial y lo logró sin mayor contratiempo.



Legaron los días de las acusaciones de los falsos positivos y da inicio a una escalada de malos acontecimientos que pondría a el Salvador en serios aprietos jurídicos, pero el poder de Uribe era tan descomunal, que ningún juez o magistrado lograba enfrentarse al hombre más poderoso de la nación.

Para el 2018 ya fuerza de Uribe no representaba las mayorías en el Senado, otros como Petro y Vargas LLeras, se habían apoderado de una gran parte de la votación popular y le dieron la lucha a Uribe, que a pesar de haber ganado la presidencia con un desconocido en el mundo político, ya no mantenía su poder tan firme como antes.

Para el 2019, el peor año del uribismo, las cosas cambiaron de color, Petro desde el Senado le ha ganado varias batallas, pero no la guerra y el uribismo busca desesperado aliados en los distintos partidos para recuperarse de la baja imagen que ha ganado en poco tiempo. Las encuestas lo ponen en un nivel de desaprobación muy alto, pareciera que la nación hubiera despertado de un letargo político y que ahora miran y señalan al uribismo, como la facción política más peligrosa e inestable del país.

En realidad Uribe está mal acompañado, sus Senadores representativos como Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, se han encargado de acabar con la imagen del partido y por ende, la de su líder. No hay argumentos de peso en sus retóricas, solo señalamientos a la izquierda, se quedaron con el discurso del 2001 en campaña presidencial, acusando a la guerrilla de todo lo malo que ocurre en el país.

El 2019 cierra para los uribistas con un balance bastante negativo, pareciera el fin de la era Uribe, aunque nunca debemos subestimar a el Salvador, porque ha demostrado ser muy bueno para controlar y manejar el futuro del país y de su partido.

TINIEBLO
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