Han pasado 8 años desde que se hizo famosa una casa del barrio Golf de Barranquilla conocida como la “casa blanca” porque allí era donde se coordinaba un plan cuya misión consistía en comprar votos para las elecciones legislativas. Los largos brazos de esta red alcanzaban a varios municipios del Atlántico como Malambo, Soledad, Piojó y Sabanalarga, además de la capital del departamento.

El plan fue descubierto por la Fiscalía, pero de todo el entramado piramidal de la compra de votos, solo quedó una persona capturada: la tristemente célebre Aida Merlano que protagonizó un escape de prisión lanzándose desde un segundo piso a donde había llegado para una consulta odontológica.

Otros señalados de participar en la “casa blanca” pasaron de agache. Hasta esta semana que la Corte Suprema en un documento de 300 páginas señaló a Arturo Char como responsable, junto a otros, de la compra de 10.000 votos mediante un sofisticado sistema.

La Corte dice que el exsenador organizó, promovió y lideró la estructura, actuando con pleno conocimiento de la ilegalidad de sus acciones y poniendo en riesgo la participación democrática y la seguridad pública.

Queda por saberse la suerte de otros mencionados como el actual alcalde de Barranquilla Alejandro Char, de Julio Gerlein y de Lilibeth Llinás. Aida Merlano sigue detenida por esos hechos y por su fuga de prisión.