Opinión: Kico Becerra
Como si no fuera bastante lo del corona virus, los expertos preveen un fuerte verano en esta zona del globo y un desmesurado invierno en Australia y el Índico.

Necesitando alimentos, por los cierres de las fronteras y los problemas comerciales que esto implica, una sequía suena catastrófica.

Los anuncios del gobierno para el apoyo del campo se han visto frenados por los excesivos trámites bancarios y el afán de más ganancias del sector financiero, con valores de intermediación muy altos.
Los agricultores están ahora entre la espada y la pared. Por un lado, las restricciones provenientes del Covid19 y, por el otro, una sequía no prevista; además del aumento de los insumos agrícolas y del transporte.

Es increíble que estando el petróleo en su valor más bajo de los últimos 30 años, no haya disminuido el costo de sus derivados como la urea y del ACPM y, por el contrario, haya subido el valor del transporte.
Todos los científicos afirman que la prevención y curación de virus es una buena y sana alimentación, basada en frutas y verduras frescas. ¿De dónde van a salir, si el campo está en la peor crisis?

Se oscurece más el panorama con el aumento de la violencia rural, el incremento del abigeato y de los robos a fincas.
Durante años decidimos importar alimentos subsidiados de otros países, empobreciendo el campo local y convirtiéndonos en un país urbano. Solo el 15% vive en la zona rural; ahora nos damos cuenta de ese grave error. La devaluación encareció la importación de alimentos y los productores nacionales en total abandono.

Sequía, pandemia, corrupción e incremento de la violencia rural. ¡Que panorama más desalentador¡

Ñapa: Mientras nos quejamos, hay un poco de Colombianos que siguen luchando en sus fincas contra viento y marea; a esos nunca los aplaudimos. Hoy, cuando se coman una fruta o una verdura, por lo menos pensemos en ellos.
Director: Habib Merheg Marún