Por Mauricio Marulanda
El joven e impetuoso presidente de Colombia, Iván Duque, se ha transformado con el paso de los días y en especial, desde que su ídolo y protector, Álvaro Uribe Vélez fue acusado por Iván Cépeda de sobornar testigos para limpiar el congreso de opositores.

Ese muchacho,que nos deslumbró con sus dotes artísticos de mago, bailarín y cantante, ahora se ha transformado en un tipo frío, apático, distante de la realidad de Colombia y permisivo ante los actos violentos de la policía nacional. A tal grado ha llegado su indiferencia, que lejos de sancionar a los policías que asesinaron brutalmente a Javier Ordoñez, emitió un comunicado en donde enaltece a la fuerza de la policía y deja en entredicho su política de justicia social ante los hechos.

¿Es esta la verdadera imagen que
se ocultaba detrás del joven presidente
o sólo es el reflejo de las exigencias de
su partido de gobierno que decidieron
exigirle, a través de Uribe, que gobierne
acorde a los intereses del partido y su
doctrina de derecha?

Ayer, una nueva provocación por parte del ESMAD dejó en evidencia la actitud de la policía y el reflejo de la presidencia, que aún no se manifiesta por los 13 asesinatos ocurridos en este mes de Septiembre.
Incluso para los partidos independientes la nueva cara del presidente ha generado todo tipo de comentarios por su indiferencia y frialdad ante la situación actual del país.

Este miércoles, la Corte Suprema deberá resolver la solicitud del ex mandatario Álvaro Uribe, quien ha solicitado su liberación de detención domiciliaria para retomar sus funciones dentro del partido centro Democrático y corroborar, según él, su legitimidad y honorabilidad ante la sociedad.

La verdad es que Duque se está enfrentando a la peor crisis social que jamás haya existido en Colombia, porque no sólo se trata de los actos violentos de la policía, sino que hay que sumarle los asesinatos de líderes sociales que siguen disparados, la economía actual, la propuesta de reforma laboral que ha indignado a la población, las ayudas a la pandemia que han sido hurtadas, el endeudamiento fiscal y la indiferencia del gobierno a colaborar con la Pymes, mientras decide apoyar a Avianca, empresa de patrimonio extranjero.

Son muchas las demandas que la sociedad le hace al gobierno de Duque, que no encuentran respuestas concretas y certeras ante un inminente deterioro de la economía, la seguridad y el bienestar de los colombianos.
Los decretos presidenciales están siendo evaluados por la corte y ya se habla de acciones legales contra muchas de esas decisiones que se tomaron a espaldas del congreso, aprovechando el Estado de Emergencia.

Mientras tanto, la prensa internacional califica de peligrosa las acciones de Duque, al escoger a dedo los candidatos para fiscalía, procuraduría y la contraloría, dejando en evidencia que los poderes del pueblo, representados en estas instituciones, están cooptadas por la presidencia como un homónimo de dictadura.
No se ve un panorama claro para el país, la población hace conjeturas individuales con respecto al gobierno y muchas de ellas, incluso de algunos integrantes del partido de gobierno, coinciden en que Duque no está haciendo su trabajo como debería y cuestionan su indiferencia ante la grave situación que afronta el joven presidente.

Al paso que vamos, no se ve la luz anhelada al final del túnel y ni propuestas que demuestren que sólo estamos pasando por una transición social, sólo vemos indiferencia, frialdad y lejanía por parte del gobierno para las peticiones de los ciudadanos.