Nicolás Maduro ya es pasado.
El futuro es lo importante y mirarlo con pragmatismo, sin pasiones y sin ideologías, es lo recomendable. Como todo lo por venir tiene su componente imprevisible, atinar absolutamente es más virtud de los dioses que de los mortales como uno, pero no atreverse a opinar es no solo cobarde sino peligroso.
A la luz de los acontecimientos, de los datos, de la experticia y, por qué no, del instinto, uno puede imaginarse escenarios en la política colombiana luego de que Estados Unidos cumpliera su promesa de apresar a Nicolás Maduro pues Trump tiene con Petro una ruta similar a la que tuvo con el hoy expresidente venezolano, es decir, señalarlo, acusarlo, incluirlo en la Lista Clinton por ser, según Trump, narcotraficante, hasta amenazarlo con la frase “puede ser el próximo”.
Creo que Petro no debe estar tan tranquilo como dice en sus interminables apariciones en la red social X pues ve que su retiro tranquilo a tierras italianas para vivir una vez abandone la presidencia, se le pude complicar.
Su apoyo a Cepeda es hoy una apuesta que no tiene el mismo valor de hace escasos dos meses porque es casi seguro que Estados Unidos verá en el precandidato de la izquierda a una persona que, de llegar a la presidencia, no será propiamente amigo del norte y no vacilará en debilitarlo como candidato usando todas sus herramientas, desde la invención de un posible proceso por complicidad en el narcotráfico debido a sus tareas como senador en procesos de paz, hasta la amenaza velada (y no tanto), de las consecuencias que tendría para la economía del país un presidente como Cepeda. Aranceles, se llama esa arma económica que bajo la doctrina Monroe hoy toma más fuerza. Cualquiera de las dos, haría cundir el pánico en un electorado cuya gran mayoría aún no sabe por quién votar, según las encuestas.
Podría Petro estar pensando, entonces, en un sucesor de Cepeda con el cual pudiera mantener en algo sus ideas en la próxima presidencia. Un sucesor tipo Roy Barreras al cual dedicaría todo el apoyo que, por lo anterior, le estaría quitando a Cepeda.
En ese escenario hipotético, Roy enfrentaría a Fajardo, a quien resulte de la consulta de la llamada centro derecha donde se perfilan con fuerza Paloma Valencia y Aníbal Gaviria y a Abelardo de la Espriella.
Roy, a quien las bases de la izquierda no le creen, se vería sin donde ejercer sus innegables habilidades de político avezado pues el uribismo no le camina, el liberalismo menos y los conservadores ya tendrían, como los dos anteriores, sus votos comprometidos.
Se abriría así el espacio para que el poder presidencial pasara a manos de una coalición. Seguramente, se calmarían estos vientos que amenazan huracán así las aguas no pasaran a ser del todo diáfanas.