Opinión: Kico Becerra
Aprovechando la llamada semana de receso les recomendé a unos amigos, con sus hijos, que fueran a Puerto Gaitán, Meta; una hora de vuelo Cali – Villavicencio; dos horas y media después, por carretera pavimentada, ya estaban en esa pintoresca población a orillas del río Manacacías. Poblado limpio, todo pavimentado, de gran oferta hotelera a precios muy cómodos.

El majestuoso Manacacías es un río que no nace en ninguna cordillera, es el producto de miles de riachuelos (caños los llaman los llaneros), que van brotando de la inmensa llanura; son la conjunción de las lluvias que ruedan a esos riachuelos, por tanto, sus aguas son muy limpias.

Hay un personaje que dejó la ciudad hace años y se fue a gozar de la naturaleza de esa región; tiene un refugio a la orilla del río, con habitaciones con aire acondicionado, piscina, cabalgatas, paseo en lancha por el río para ir a observar las toninas (delfines rosados de agua dulce), almuerzo en restaurante flotante con peces recién pescados, cabalgatas, paseos ecológicos, canotaje, ski y demás diversiones afines.
Su emprendimiento, al cual están vinculados sus hijos, es digno de ser apoyado, por el titánico esfuerzo de enseñar que se puede gozar de la naturaleza, sin hacerle daño; sin botar basuras y fundamentalmente, respetar los animales nativos, sin agredir su entorno; diversidad de aves, manatíes, monos aulladores, chigüiros, caimanes de río, etc.

Recibí una llamada de los referidos amigos agradeciendo mi recomendación y trasmitiendo felicidad de haber gozado de unos días en la altillanura llanera. Visitaron plantaciones de caucho natural; aprendieron a bailar música llanera, comieron delicias gastronómicas en el Almirante Padilla, donde unas hermosas morenas y degustaron la famosa mamona (carne a la llanera); se llama así porque esa carne proviene de una ternera que todavía está mamando a la vaca.

Ahora que el valor del dólar hace que sea casi imposible viajar al exterior, es el momento de disfrutar de nuestro maravilloso país; bueno, bonito y barato. Además, tenemos la oportunidad de gozar de la incomparable amabilidad colombiana.
Viajemos por Colombia, dejemos esa pendejada de estar hablando solo de las cosas malas. Somos un país espectacular de gente excepcional, luchadora, alegre y mamagallista.
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Ñapa: Me impresionó mucho el comentario hecho por uno de los hijos de mis amigos: «No nos robaron nada». Es que, aunque no le guste a mucha gente decirlo, la mayoría de los colombianos somos honrados.