El tango “Al mundo le falta un tornillo”, que se estrenó por allá en 1932, resumía muy bien que, evidentemente, al mundo le faltaba algo. Venía de la gran depresión de 1930 y, por donde se revisara, a la sociedad en su conjunto no solo le faltaban tornillos sino otras muchas piezas pues la crisis de la que no salía aún, la dejaba con la economía rota en sus cimientos, al empleo muy bajo de revoluciones y a las bolsas de valores expulsando humos negros.
Cuando en 1957 Julio Sossa hizo su versión, el mundo no venía de ninguna gran depresión, hacía ya 12 años se había terminado la Segunda Guerra y soplaban otros aires mucho menos pesimistas, pero aun así la versión del uruguayo fue un éxito total al punto que pocos recuerdan las primeras interpretaciones entre las cuales está, nada más y nada menos, la de Carlos Gardel.
Al mundo de hoy, ese que vivimos usted y yo, ¿le falta un tornillo? ¿Le faltan tornillos a nuestro país que tapa el escándalo de ayer con uno peor? La guerra de aranceles que se ve venir, ¿es producto de la estrategia por el bienestar común o la carencia de algún rodamiento en el cerebro de los dirigentes mundiales?
La liberación de toda culpa al futbolista Dani Alves acusado de agresión sexual, ¿es justicia plena o graves fallas en los pistones de quienes interpretan los códigos?
Que Trump y Putin arreglen entre ellos el enredo de Ucrania dejando casi de lado a los propios ucranianos, ¿es la demostración de que la máquina funciona sin fallas o que ha perdido piezas importantes?
Que Israel y Hamás lleven 18 meses agrediéndose y que, en el medio, la Franja de Gaza hoy sea un inmenso cementerio, ¿no nos habla que esta sociedad requiere un mantenimiento profundo y urgente?
Que en Colombia insistamos en seguirnos matando y despreciemos lo que pudo ser el Acuerdo de Paz, ¿merece que nos lleven al siquiatra pues mecánico no existe para tratar tales males…?
“¿Qué sucede? ¡mama mía!” como dice el tango. Pues la verdad, no sucede nada distinto a lo que ha sucedido en nuestra sociedad a través del tiempo desde que Caín mató a Abel (si usted cree en el relato religioso), o desde que el mono decidió bajar de los árboles (si su preferencia está por los lados de Darwin): la especie humana, a pesar de sus avances inocultables en ciencia y tecnología, mantiene sin resolver aspectos básicos de la convivencia como la tolerancia, la empatía, el respeto por el otro y el cuidado ambiental.
Ocupados en otras cosas, se nos van gastando las piezas, sonamos por todas partes y funcionamos mal como sociedad.
Casi 100 años después de salir al mercado, hoy podemos clamar como pide la última parte del tango: “Al mundo le falta un tornillo, que venga un mecánico a ver si lo puede arreglar…”.