La cifra fue revelada este lunes por el Índice Nacional de Estadística y Censos, y es la medición más alarmante de la Administración de Mauricio Macri.

En el primer semestre la pobreza en Argentina regresó a niveles no vistos desde el segundo semestre de 2008 (DyN)

Argentina elevó sus niveles de pobreza desde el 32% hasta el 35,4% de la población en el primer semestre del 2019, según el último informe del Índice Nacional de Estadística y Censos (INDEC), publicado este lunes. Asimismo, la tasa de indigencia se ubicó en el 7,7%, mostrando un aumento del 1% con respecto a los últimos seis meses del año pasado.  

De esta forma, se trata del relevamiento sobre pobres e indigentes más alarmante de la actual Administración. 

Por la mañana, el mandatario argentino, Mauricio Macri, ya había adelantado que las cifras publicadas por el organismo serían negativas: «En unas horas, el INDEC va a dar a conocer el último índice de pobreza que, lamentablemente, va a reflejar la difícil situación por la que atravesamos«, reconoció durante un acto de campaña en la Provincia de Buenos Aires. 

En su primer año de mandato, el dirigente le había planteado a la ciudadanía que analizara su gestión según los índices de pobreza: «A partir de aquí, quiero y acepto ser evaluado como presidente», expresó en septiembre del 2016, tras comentar que uno de cada tres argentinos eran pobres.  

Sin embargo, durante su Gobierno se empeoraron aquellos registros: en el segundo semestre del 2016 había 30,3% de pobres, cuyo número se logró bajar hasta el 25,7% el siguiente año, pero luego volvió a subir abruptamente con los números actuales. Así, el reciente informe refleja el resultado de la fuerte crisis económica que atraviesa la sociedad argentina, con disminución del empleo, inflación elevada y caída del consumo.

  • Los cambios económicos más recientes no figuran en la estadística

Sin embargo, el documento estatal no incluye datos del segundo semestre, cuando se produjeron los principales desbarajustes económicos: tras las elecciones primarias del 11 de agosto, en pocas horas aumentó la cotización del dólar de modo exponencial, que se tradujo en una devaluación del peso argentino que giró en torno al 30%.

En ese país sudamericano, cuando sube el valor de la divisa estadounidense, suelen crecer los precios para el consumo general, incluso en alimentos. En otras palabras, si los salarios no suben de modo proporcional, la capacidad de compra de muchas familias se reduce. De hecho, por aquellos días el director del Banco Central, Guido Sandleris, ya había advertido: «La volatilidad cambiaria genera más inflación y más pobreza». 

Director:  Habib Merheg Marún