OPINIÓN: JAIME OREJARENA

Petro prometió cambio y cambio nos está dando. Pero cambios de verdad. No solamente cosas insignificantes como la reforma a la salud o la de pensiones, sino verdaderas revoluciones en asuntos en que nadie antes pensó. O mejor, sí pensaron, pero o no ejecutaron o se quedó en simple cambio de ropa.

O de uniforme, para ser exactos. Como Duque, que prometió cambios en la Policía y lo máximo que logró fue gastarse una millonada en cambiarles el vestido a los agentes y vestir de otros colores las patrullas poniéndole a ellos el color negro de los muy respetados colegas gringos y a ellas (a los patrullas, digo), bandas con cuadritos de color blanco y negro parecidas en algo a las de los ingleses. Bandas o tiras, aunque sonaría más apropiado algo como lonjas o franjas…

Pero nada más. Se necesitaba un verdadero revolucionario para hacer cambios profundos. Y nada mejor para demostrarlo que aplicar su estilo innovador en una institución cuestionada como la Policía Nacional. Para hacerlo no necesitó tramitar reformas en el congreso ni negociar con César Gaviria (lo cual habría hecho fracasar el intento). No. Petro puso en la dirección de la policía a nada más y a nadie menos que a un cura uniformado. O un pastor evangélico extremo disfrazado de agente del orden en grado superior.

A nosotros, los creyentes practicantes, esa decisión nos cayó muy bien. Y aunque pensamos que el general Henry Sanabria procedería a ajustar como es debido el eslogan del organismo policial quitando la palabra “patria”, un concepto tan mamerto y tan obsoleto, para poner “garrote”, todas sus actuaciones nos han parecido admirables.

“Dios y Garrote” sería un eslogan mucho más efectivo. Y si le pusieran alguna referencia al fuego eterno, mejor: “Dios y Garrote o Infierno”. Pero bueno… queda tiempo para que ese cambio ocurra. Pero será cuando el pastor general tenga un respiro en su lucha incansable contra demonios y maricas que son en definitiva los que tienen a nuestro país llevado del patas con “u”, según él mismo ha revelado en ilustradoras entrevistas donde evangeliza condenando el uso del maldito condón y, de paso, advirtiendo que miles de policías están contagiados de VIH por ser infieles. A muchos asombrarán los métodos a través de los cuales él ha averiguado que se contagiaron por infieles. Les falta fe.

El Sacerdote General Sanabria también nos ha iluminado al revelarnos que “el maligno se pone bravo” con solo mencionarlo. Oportunamente, varios personajes de la política le reclamaron que aclarara si se refería a ellos, pero en su sabiduría él solo atinó a decir que, si no fuera por los exorcismos y las contras rezadas y bañadas en agua bendita que la policía ha usado, ni el Mono Jojoy ni Raúl Reyes estarían en la paila mocha. Dados de baja por el escuadrón del espíritu santo.

Vienen años de grandeza para el país pues con el Pastor Sanabria al mando, la delincuencia tendrá un enemigo Poderoso. La plata de las recompensas se podrá consignar en la cuenta de alguna secta como la de Piraquive y a través de ella, lograr que desde arriba ocurra el milagro que permita capturar a todos los bandidos. O que se entreguen de rodillas.

El glifosato será remplazado por agua bendita para esparcirla sobre los cultivos de coca y sobre el congreso y lograr la conversión del mal hacia el bien. Las bombas aturdidoras del antiguo Esmad serán remplazadas por cañones lanza papelitos que irán impresos con estampas según la ocasión: protestas por la salud: José Gregorio Hernández; manifestaciones contra el racismo: San Martín de Porres; paro del magisterio: María Fernanda Cabal…

El costoso armamento no va más. Será remplazado por cruces de palo fabricadas por artesanos de El Guamo, Tolima y las esposas serán fundidas para hacer un monumento al papa y en su lugar un par de hijos de expresidente tendrán la oportunidad de revivir la empresa que los hizo millonarios: la de las manillas.

Tiene mucho por hacer el cura general pues este país lo que necesita son rezos, exorcismos y milagros. Petro, a quien todos veíamos como un laico con cara de ateo, lo tenía claro y nos sorprendió con hechos al nombrar a un santo para combatir el crimen.

Nuestras oraciones se elevan para que a los envidiosos gringos no les dé por llevarse al general para que combata allá al demonio Trump. Amén.